test3 Cuando comencé a practicar yoga a los veinte años, este trajo diversión, color y magia a mi vida diaria, así como flexibilidad a mi cuerpo. Ya a los veintitantos, dejé que el yoga se me escapara, de cierto modo, entre la universidad, las relaciones, el trabajo y todo lo demás. Como resultado, comencé a perder la perspectiva de la magia y la belleza que nos rodean todos los días. Inscribirme y comprometerme con la capacitación para instructores de Moksha/Modo en Nicaragua fue la mejor decisión que tomé en los últimos diez años desde la primera vez que pisé la colchoneta. La capacitación, cual ola del mar, rompió contra mi vida y me devolvió aquella belleza. Jeremy Van Walsh